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Trabajar hasta morir: ¿vale la pena?


Todos conocemos a alguien que por el exceso de trabajo y preocupaciones laborales terminó hospitalizado o lamentablemente perdió la vida en forma prematura. Surge entonces la pregunta de si vale la pena pagar ese costo para alcanzar el éxito profesional o existen métodos para ser igual o más eficiente sin perjudicar la salud. Este asunto se plantea con frecuencia en sesiones de coaching, porque está presente la idea equivocada de que un líder efectivo debe estar inmerso en una atmósfera de estrés.

En situaciones así, se tienden a tomar decisiones apresuradas y temerosas, sobrecargando a los equipos ya que la tensión se propaga rápidamente debido a la presión. Este escenario conduce a una alta rotación de personal, conllevando costos adicionales y pérdida de talento para la organización.

Desde un ángulo evolutivo, la ansiedad ha sido una herramienta que ha facilitado a los humanos prever peligros y prepararse para afrontarlos. Esta habilidad de previsión y respuesta ha perdurado generación tras generación y, aunque ya no enfrentamos riesgos físicos directos, sigue formando parte de nuestra esencia. El dilema radica en la reacción excesiva por eventos que ni siquiera han ocurrido.

En cuanto al estrés, es una reacción fisiológica que nos predispone para "luchar o huir". En el ámbito empresarial, enfrentamos plazos, objetivos y expectativas, no depredadores. Las hormonas, como el cortisol y la adrenalina, nos otorgan la vitalidad y el enfoque para abordar estos retos contemporáneos.

Sin embargo, es crucial entender que, a pesar de ser respuestas naturales y adaptativas, si persisten o se intensifican hasta intervenir en las tareas cotidianas, se convierten en problemas. De acuerdo con el DSM-5, manual diagnóstico de trastornos mentales, algunos síntomas que indican que la ansiedad o el estrés han sobrepasado lo común incluyen preocupaciones excesivas e incontrolables, irritabilidad, tensión muscular, aislamiento social, palpitaciones, insomnio, y dificultades de concentración.

Más allá de los síntomas, el estrés continuo tiene efectos negativos en la salud física, mental y emocional. Provoca enfermedades cardiovasculares, debilita las defensas, origina problemas digestivos, dolores musculares, trastornos del sueño y desequilibrios hormonales. Además, induce hábitos perjudiciales como el abuso de sustancias, mala alimentación y reclusión social.

Dentro de este marco, el coaching se posiciona como una herramienta vital. En las sesiones, se discute sobre la tensión y su manejo. Los directivos buscan tácticas para afrontar las presiones sin comprometer su bienestar o el de sus colaboradores. El objetivo es ser igual o más eficiente, pero con una perspectiva equilibrada.

El coaching ofrece un entorno seguro donde los líderes reflexionan, adquieren autoconocimiento y desarrollan competencias para abordar la tensión y ansiedad. A través de este proceso, se preparan para tomar decisiones bien fundamentadas, comunicarse eficazmente y guiar con empatía, construyendo un ambiente laboral saludable y eficiente para todos.

¿Sufres de estrés excesivo? Coméntame en redes sociales como LinkedIn, Instagram Twitter y en el podcast “Dinero y Felicidad”, en Spotify, Apple Podcast, entre otros

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