¿Vale la pena tener una empresa familiar?




¿Por qué darle un tratamiento especial a las empresas familiares, si se trata de un negocio como cualquiera?; primero, hay una elevada mortandad al pasar de una generación a otra y en muchos casos la compañía continúa, pero deja de ser un patrimonio para el clan, después de arduos años de trabajo.

Además, laborar con la pareja, hijos, hermanos o primos, encierra un reto, al grado de requerir un protocolo que los impulse a perdurar en el tiempo.

1.- Cuando la familia pesa más que el negocio, se quiere “ayudar” a todos, sin importar su productividad, lo que deriva en parientes colgados de la nómina. Para ello es imprescindible contar con reglas de admisión con base en los méritos y la capacidad de encargarse del puesto.

2.- Si no se infunde pasión por la empresa y se comprende la relevancia de preservarla para las siguientes generaciones, provocará un desinterés sobre el futuro, accionistas pasivos, desunión, fuga de dividendos, etc.

En este contexto, es fundamental llevar a cabo un esfuerzo de planeación a través de una gobernanza bien estructurada, que fije el rumbo de la compañía. Una dirección comprometida, pero también un consejo de administración y un consejo familiar involucrados en la visión de largo plazo.

3.- El aspecto emocional habrá de cuidarse, porque se funde fácilmente el entorno de la empresa y de la casa, de tal manera que se pierde la línea divisoria entre ambos. La consecuencia es el conflicto, la envidia y el recelo, lo cual conduce a una mala gestión, pues en lugar de estar enfocados al desempeño, se distraen con problemas personales.

Hay que estipular las normas de conducta; determinar cómo y en dónde se resolverán los conflictos; además de ser transparentes en responsabilidades, percepciones, prestaciones, etc., para evitar discusiones

4.- Una característica usual es el control excesivo del fundador, él cual no quiere perder supremacía en la toma de decisiones. Todo pasa por sus manos, incidiendo en una congestión de operaciones y desorden.

Por eso es básico hacer la declaración de ser una empresa familiar, porque en ese momento se deberá estar dispuesto a delegar e involucrar al resto de los miembros para que vayan aprendiendo cómo manejarla y se sientan parte de ella.

Cuando se aplica en forma adecuada el protocolo, es posible generar compromiso con el proyecto empresarial, el deseo de perpetuar el legado, unión y sentido de pertenencia.

El resultado es que hay objetivos claros, enfoque de calidad y con seguridad una mayor capacidad para enfrentar los retos del mercado.

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