Toma el control de tus finanzas en cuatro pasos



En ocasiones, quisiéramos que nos dieran la fórmula para resolver dudas sobre la administración del dinero al estar inmersos en algún problema o pensar que podríamos mejorar las decisiones financieras en términos de rentabilidad o previsión.

Si bien, es posible encontrar claves a través de un asesor, libro, página de Internet o columna de opinión, poner en marcha la solución requiere cuatro etapas.

El primer reto es elaborar un “excelente” diagnóstico, aunque tardemos en llevarlo a cabo. Hago énfasis en este aspecto, porque regularmente deseamos respuestas “exprés” y una estrategia efectiva está ligada una buena evaluación que nos dirá cuál es la dirección a seguir y la magnitud del cambio.

Ya sea que se trate de un tema de ahorro, endeudamiento o rentabilidad de inversiones, es fundamental analizar todas las opciones viables y ver cuál se acopla más a nuestras capacidades y percepción de riesgo.

Un principio del Coaching de vida o de una consultoría, es un concepto llamado CAR, que es el acrónimo de Compromiso, Acción y Resultados. Ahí están las siguientes tres etapas.

Habiendo decidido, es imprescindible comprometernos con nosotros mismos para aplicarlo, según lo establecido. En ese momento, es básico imponer tiempos de ejecución y de terminación de la meta.

Es como cuando vas con el doctor. Hay un acuerdo implícito de que tomaras las medicinas y seguirás las instrucciones de alimentación o ejercicio; de otra manera, no te aliviarás. En el ámbito financiero sucede igual; de nada sirve encontrar la respuesta, si evitamos el compromiso.

Continuando con la analogía médica, además de los medicamentos están los dosis y los tiempos para la implementación. La “acción” , tercer elemento, es permanente y debemos evaluarla en forma periódica para cotejar que vamos en el sentido de los objetivos planteados, del modo más específico posible.

Toma en cuenta que el esfuerzo depende de ti y en poner manos a la obra. El resultado está influido también por las circunstancias y las condiciones de la economía general. Por eso es importante medir constantemente; permite cambiar de rumbo, si es necesario.

Llega el cuarto elemento que son los resultados. Es conveniente valorar si se obtuvo lo deseado, en dónde hubo fallos y aciertos, con el fin de fijar nuevos compromisos.

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