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¿Por qué las parejas pelean por dinero?

La discusión arranca con un estado de cuenta abierto sobre la mesa. “¿Y este gasto?” “Era necesario.” “También dijiste eso la vez pasada.” “Bueno, tú acabas de gastar en lo tuyo.” En pocos minutos, la pareja deja de hablar de una compra concreta y empieza a sacar una lista de reproches viejos, permisos omitidos, cansancios acumulados y pequeñas cuentas emocionales que nadie había querido revisar.

La escena resulta cotidiana porque rara vez conversamos con tranquilidad sobre los asuntos del dinero. Las discusiones suelen venir marcadas por vivencias familiares, expectativas, temores, orgullo, culpa, deseos de autonomía y maneras distintas de entender la seguridad. Por eso, la aclaración de un gasto aparentemente simple crece con tanta rapidez.

Muchas parejas hablan hasta que el tema ya viene cargado de reproches. Durante el noviazgo conversaron de viajes, familia, gustos, proyectos y hasta de cómo imaginaban su vida juntos, pero dejaron fuera una parte delicada de la convivencia, la forma en que cada uno entiende, usa, administra y siente el dinero.

La historia familiar influye. Hay quien creció en una casa donde los ingresos se cuidaban con miedo y aprendió a ahorrar como protección. Hay quien vivió escasez y, cuando tiene margen para gastar, siente que por fin respira. Otros aprendieron que hablar de dinero era de mal gusto, fuente de pleito o asunto reservado para quien “sabía más”.

Cada uno suele justificar mejor sus decisiones. Lo propio se ve como inversión, herramienta de trabajo, descanso merecido o necesidad práctica. Lo del otro, con facilidad, toma forma de exceso, descuido o falta de conciencia.

Uno siente que aporta más, mientras la contraparte percibe que sostiene la casa, cuida a los hijos, administra pagos, resuelve imprevistos o carga con tareas que jamás aparecen en una hoja de cálculo. Cuando esa diferencia queda sin reconocimiento, el dinero termina convertido en el lenguaje de otras molestias.

En algunos casos surge la infidelidad financiera. Gastos ocultos, deudas sin reportar, préstamos a terceros, compras minimizadas o cuentas desconocidas para la pareja.

En el fondo, la mayoría de las parejas carecen de una metodología para hablar de dinero. Lo hacen ya están cansadas, llegó el estado de cuenta, falta liquidez o alguno de los dos siente que está siendo acusado.

El primer paso consiste en abrir un espacio deliberado y frecuente para conversar sobre estos temas. Los llamados “money date” ayudan a cambiar la dinámica, porque permiten dejar de reaccionar ante situaciones específicas y pasar a un modo más proactivo, orientado a planear el futuro financiero y cumplir metas como pareja y como familia.

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