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El peligro de dirigir desde la distancia

Hemos reflexionado en este espacio sobre la importancia de la delegación en el ámbito directivo; empero, también conviene advertir que esta práctica puede convertirse en una coartada elegante para perder contacto con la realidad del trabajo. Cuando el líder se desconecta del modo en que las cosas ocurren, empieza a tomar decisiones bien intencionadas, aunque poco aterrizadas.

Con ello, no estoy sugiriendo un micromanagement obsesivo. Tampoco recomiendo revisar cada detalle o sustituir al equipo. El matiz va por otro lado. Se trata de un liderazgo que se involucra para comprender, diseñar y mejorar el sistema de trabajo, con el propósito de fortalecerlo, en lugar de vigilar personas.

Una investigación reseñada en Harvard Business Review señala que, en grandes empresas, varios de sus líderes dedican tiempo a entender cómo fluye el trabajo real, dónde se toman las decisiones críticas y en qué puntos se pierde valor.

El primer impacto es cultural. Cuando el líder muestra interés genuino por la calidad del trabajo, por los criterios que guían las decisiones o por los cuellos de botella que enfrentan los equipos, envía un mensaje más potente que cualquier presentación sobre valores corporativos.

Un directivo distante puede hablar de excelencia, aunque si jamás se acerca a comprender cómo se ejecuta el trabajo, el mensaje implícito apunta en otro camino. En cambio, la cercanía bien entendida refuerza estándares y hábitos colectivos sin necesidad de imponerlos.

Un segundo beneficio clave se relaciona con la calidad de la información. A mayor distancia jerárquica, mayor riesgo de distorsión. Los reportes ascienden, los indicadores se ordenan y los problemas tienden a suavizarse. Esto ocurre por la dinámica natural de las organizaciones, más que por mala fe.

Un buen ejemplo aparece en la figura de Jeff Bezos. Durante la pandemia, el entonces CEO de Amazon decidió involucrarse de forma personal en temas como logística, seguridad de los trabajadores, capacidad de los centros de distribución y continuidad de la cadena de suministro, en lugar de limitarse a comunicar la estrategia desde la cima.

Este tipo de involucramiento reduce errores. La razón reside en que disminuye la brecha entre lo que se planea y lo que se ejecuta. Muchas estrategias fallan por desconocer cómo se traducen en comportamientos concretos dentro de la organización.

Conviene subrayar un límite relevante. Estar próximo a la operación implica observar, preguntar y ajustar el sistema, sin sustituir al equipo ni asumir el rol de ejecutor principal. Cuando el líder cruza esa línea, debilita a la organización. La cercanía eficaz resulta inteligente y respetuosa, nunca invasiva.

En tiempos de incertidumbre, como los que podrían marcar 2026, este estilo cobra relevancia. Los planes cambian, los supuestos se rompen y las decisiones se toman con información incompleta. El liderazgo distante suele reaccionar tarde, mientras que la cercanía permite detectar antes las señales débiles y corregir con mayor precisión.

Delegar sigue siendo indispensable. Nadie dirige una organización compleja desde el control absoluto; sin embargo, hacerlo sin presencia termina generando ceguera.

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