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Burnout silencioso normalizado como virtud

Hay ejecutivos que parecen estar en el mejor momento de su carrera, con buen ingreso, decisiones relevantes, agenda llena y reconocimiento. Sin embargo, desde un sentimiento interior la perspectiva puede ser muy distinta, mostrando cansancio persistente, una sensación de estar siempre “en deuda” con algo o con alguien y dificultad para disfrutar los logros que antes daban sentido. En algunas compañías el desgaste se ha normalizado como parte del precio del éxito y aguantar se volvió una virtud.

Existe un “burnout silencioso” que no surge como colapso evidente; se presenta mientras los resultados siguen llegando, aunque ya no se sienta bien así. Tiene más que ver con una pérdida gradual de sentido, con la dificultad de desconectar en los momentos que deberían ser de descanso.

Hablar de esto cuesta. Muchos directivos han construido su identidad alrededor de la fortaleza, la disponibilidad permanente y la capacidad de sostener más que otros. Admitir agotamiento se percibe como una amenaza. Aparece el miedo a parecer débil, a volverse sustituible, a perder influencia. A eso se suma una cultura organizacional que glorifica el sacrificio personal y la conexión continua. Y, quizá lo más complejo, la soledad propia de ciertas posiciones. Hay muy pocos espacios donde un líder pueda comunicarse con honestidad sin que esa conversación tenga consecuencias.

El burnout silencioso suele anunciarse con señales pequeñas que se van acumulando. Irritabilidad creciente ante asuntos menores. Poca paciencia para procesos que antes se toleraban. Tendencia a microcontrolar, incluso lo que ya estaba bien delegado. Incapacidad para desconectarse en vacaciones y una culpa persistente por descansar. En algunos casos aparece una fantasía recurrente de mandar todo al carajo, que convive con la decisión de seguir igual al día siguiente.

Aquí el coaching ejecutivo juega un papel relevante cuando se aborda con seriedad. Su valor está en ofrecer un espacio confidencial donde el líder pueda revisar creencias arraigadas sobre éxito, poder y sacrificio. Un momento para observar la relación con el trabajo y redefinir límites que sean manejables con una visión integral de su vida. La presencia del coach consiste en ayudar a distinguir entre una alta exigencia funcional y una forma de autoexplotación que termina siendo destructiva.

Ignorar el agotamiento tiene un costo organizacional alto. Un directivo exhausto tiende a decidir más desde el miedo que desde la estrategia. El estrés se filtra hacia abajo y se normaliza el cansancio como estándar de desempeño. Los equipos aprenden que vivir al extremo es la manera correcta de trabajar. Con el tiempo, el talento clave se va, muchas veces antes de que el propio líder reconozca que el modelo ya dejó de ser sostenible.

¿Sufres de este burnout silencioso?, Coméntame en LinkedIn, Instagram, o X y sígueme en el podcast “Dinero y Felicidad”, en Spotify, Apple Podcast, entre otros.

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