¿Qué tan sustentable eres en tus finanzas?



Es común escuchar de temas de responsabilidad social y sustentabilidad orientados hacia el medio ambiente y en particular en un entorno empresarial. Valdría la pena reflexionar en estos términos, pero aplicados a las finanzas personales, en donde revisten también una importancia singular.

Un primer cuestionamiento es sobre qué tanta responsabilidad y sustentabilidad se tiene en relación a las decisiones financieras, en especial del gasto y la inversión.

La perspectiva ha evolucionado. Antes se hablaba del reto de “satisfacer las necesidades del presente sin impedir que las generaciones futuras satisfagan sus requerimientos”. Ahora se propone otra tesis: “ajustar las necesidades actuales, de modo que la generación posterior pueda cumplir las propias”.

Es decir, el concepto de sustentabilidad nos conduce a ser responsables de las acciones, “moderando” el gasto y procurando el ahorro, para garantizar el patrimonio de quienes siguen.

En forma indirecta se reconoce un recurso finito que debe ser cuidado y la idea es generar riqueza a través del tiempo para dar seguridad a la familia, tanto en el mediano como en el largo plazo. Algunos creen erróneamente que es una obligación consumir y dejar a sus herederos sin nada. Esa manera de pensar implica un volver a empezar y evita la posibilidad a los jóvenes de aspirar a mejores niveles de bienestar.

Precisando, no se trata de mandar una señal a los hijos de que todo lo tendrán resuelto, sino más bien al contrario; promover en ellos una cultura de cuidado de sus recursos y la responsabilidad de continuar acrecentando la sustentabilidad.

La intención es parar un consumismo indiscriminado que nos lleve a un exceso de endeudamiento y desproteger a la familia. Este reenfoque nos motiva a darle valor al ahorro, la inversión y la cobertura, con el fin de asegurar un futuro sin sobresaltos.

Por supuesto, esta consciencia trasciende la riqueza económica, para enfocarla en el legado social y en la preservación del medio ambiente.

De ahí se deriva el incorporar actividades filantrópicas personales o donaciones a instituciones de beneficencia, pues en la medida en que se cubran los requerimientos básicos es factible ayudar y contemplar estos conceptos en el presupuesto.

Incluso, hay principios que van de la manos con gastar menos como bajar el uso del agua, energía eléctrica, gas, gasolina o productos desechables.

Es común pensar que lo generado en la vida será consumido por nosotros mismo y hoy existe una nueva visión, en términos de ser responsables sobre los que nos preceden.

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