La esperanza de la empresa familiar, ante el Covid-19


“Mira hija, eso de digitalizar al negocio suena muy bien, pero desconoces por completo su funcionamiento; apenas sales de la universidad y quieres cambiar la empresa” Está aseveración se repitió en una infinidad de compañías familiares que desoyeron las voces de los jóvenes y ahora les urge virar rápido para esquivar el golpe letal del Coronavirus en el mercado.

Más que premonitoria, la insistencia de los millennials era porque el ámbito de los negocios transitaba hacia lo digital y había que adecuarse; sin embargo, la pandemia aceleró la reconversión a un paso agigantado y de ello depende en muchos de los casos la supervivencia.

En algún momento regresaremos a las transacciones cotidianas; empero, el mundo ya es diferente y con seguridad las personas tendrán otras preferencias.

Es hora de que las empresas familiares volteen hacia los sucesores y decirles: “creo que debí escucharte mejor cuando hablabas de digitalizar el negocio, ¿qué te parece si trabajamos juntos al respecto?”

La relación entre jóvenes y viejos ha cambiado en forma radical. Hay quien sigue pensando en un arcaico sistema de integración de “maestro y aprendiz”, en donde el experimentado enseña a sus hijos.

Esto no es cierto del todo y tampoco significa que los nuevos integrantes guiarán a los fundadores. El modelo se encamina a la colaboración conjunta con el fin de construir con rapidez un esquema que responda al mercado.

Para un sinnúmero de familias el negocio era “sólo” un sustento, con la idea de que cada miembro tomara su propio camino, pero de repente se han dado cuenta del patrimonio que está detrás y de la relevancia de mantenerlo vivo.

Se requiere humildad y paciencia por ambas partes, para escucharse, buscando una implementación y viraje que evite descarrilar el origen de los ingresos.

Aunque parezca obvio, es básico arrancar con la definición de “qué se vende” y cuál es el valor de la proposición al mercado, aún cuando la compañía tenga varias décadas operando.

Es decir, “volver a barajar las cartas” y entender que cualquier cosa es susceptible de replantearse, porque lo importante no es sostener un producto o concepto; sino acrecentar el patrimonio, la fuente de trabajo, y generar riqueza a quienes los rodean.

Visto desde una perspectiva propositiva, la cuarentena está forzando a realizar transformaciones que conducen a una vida más duradera para las empresas.

¿Cómo deben participar los jóvenes en el negocio familiar? Coméntame en Instagram: @atovar.castro

Twitter: @albertotovarc

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