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Jóvenes, dinero y una ansiedad persistente

En un entorno marcado por la escasez, junto con la exposición constante a modelos de éxito y consumo difundidos en redes sociales, se ha intensificado una ansiedad económica cada vez más visible entre muchos jóvenes del mundo y, de manera particular, en Latinoamérica. Diversas encuestas reflejan que una proporción relevante viven preocupados por el dinero.

Al incorporarse al mercado laboral, los salarios limitados y el aumento sostenido del costo de vida han retrasado la independencia financiera y han reducido la posibilidad real de construir patrimonio. Para una parte importante de esta generación, el desafío surge menos de la falta de interés por avanzar y más de un contexto que estrecha las opciones y vuelve frágil cualquier progreso.

Ante esta presión, la reacción más frecuente suele ser aplazar el tema. Dejarlo para después. Confiar en que el llamado “yo del futuro” contará con mayor claridad, ingresos superiores o condiciones más favorables. Esa elección, se convierte en el punto de partida de un desgaste silencioso que se manifiesta cuando el margen de corrección ya resulta limitado.

Es importante abrir la reflexión para revisar la relación personal con el dinero. El primer paso es reconocer la complejidad del desafío e identificar con honestidad los obstáculos.

Más allá de promesas rápidas o fórmulas mágicas, el siguiente movimiento exige un diagnóstico. Comprender con claridad qué ocurre y desde qué lugar se toman las resoluciones permite recuperar la perspectiva.

Informarse con seriedad se vuelve indispensable para distinguir entre contenidos que aportan reflexión y aquellos que, bajo la apariencia de educación financiera, incentivan el consumo o el endeudamiento. Las redes sociales concentran sugerencias carentes de profundidad y prudencia. Amplifican “voces virales” sin preparación suficiente ni responsabilidad, lo que termina influyendo de manera desfavorable en la forma de pensar sobre el dinero.

El reto también es narrativo y debe construirse un marco propio para definir qué significa éxito, bienestar o estabilidad. Cuando el referente externo desplaza al criterio personal, la comparación constante se transforma en una fuente recurrente de insatisfacción.

Por ello, además de atender lo urgente, saldar o renegociar deudas y ajustar gastos, conviene dirigir la mirada al largo plazo y dejar atrás la lógica de la inmediatez para edificar un patrimonio sólido. Resulta clave diseñar una estrategia orientada a generar mayores ingresos y más estables.

Al final, se trata de una decisión sobre el tipo de vida que se desea sostener, el margen de libertad que se busca y la tranquilidad que se quiere preservar.

¿Cuál es tu relación con el dinero? Coméntame en LinkedIn, Instagram, o X y sígueme en el podcast “Dinero y Felicidad”, en Spotify, Apple Podcast, entre otros

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