¿Qué prefieres? ¿Ser camello o unicornio?




En el vertiginoso mundo de las startups surgió la aspiración de ser consideradas “unicornios” al ser valoradas en sus primeros años por al menos mil millones de dólares; sin embargo, ahora se genera una nueva tendencia que las obliga a querer ser denominadas “camellos”. En este fenómeno hay un enorme aprendizaje, propio de los tiempos por venir.

La explosión tecnológica digital llevo al nacimiento de un sinnúmero de empresas disruptivas que han transformado el mundo, mientras que los capitales internacionales estaban ansiosos de participar en la continua elevación del valor de las compañías, teniendo en mente éxitos como los de Google, Facebook o Amazon.

En este entorno, lo importante para las startups era el “levantar capital” y hacer un buen “pitch”, con una excelente idea para la obtención de financiamiento. Todos salían ganando, pues al volverse públicos los títulos que poseían los fundadores, empleados y, obvio, los accionistas, podían convertirse a precios varias veces superiores a los originales.

Con dicho enfoque, la rentabilidad y la viabilidad de corto plazo quedaba en un segundo plano, porque “la apuesta” era que en el largo serían exitosas.

Por desgracia, eso ya cambió con la inflación, la amenaza de recesión económica y el aumento de las tasas de interés. Los capitales prefieren opciones “seguras” y dejan de invertir en riesgo. Esto literalmente “seca” el medio financiero y conseguir dinero resulta complicado.

Así surge la figura del “camello”, empresas que pueden sobrevivir largos periodos sin requerir recursos adicionales y además algo que muchas han evitado en su estrategia corporativa: ser rentables.

Para ello, el primer paso es cortar los costos excesivos y buscar la eficiencia, provocando el recorte de personal en un sector en donde había grandes sueldos y contratación masiva.

Por tanto, el reto ahora, no sólo para las startups, sino para cualquier compañía, es vigilar el flujo de operación, porque deberán sobrevivir sin financiamiento. Es fundamental trabajar con los mínimos costos fijos y basándose en los variables, de tal manera que si las ventas se desploman sean capaces de continuar.

Viene una tendencia a cuidar los gastos, la solvencia financiera y la rentabilidad. Es momento de garantizar la sobrevivencia, en lugar de la expansión.

Queda claro que para quienes laboran en este sector, los tiempos son complicados y es necesario prepararse.

En el terreno financiero personal también funciona la moraleja y no estaría nada mal que emulemos al camello para soportar un largo lapso de sequía.

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