¿Por qué todo sigue caro si bajó la inflación?
- Alberto Tovar
- 25 jun
- 2 min de lectura

La inflación en México ronda el 4 por ciento, dentro del rango meta del Banco de México. ¿Lo crees? ¿así lo percibe tu bolsillo cuando vas a comprar alimentos, sales de paseo o matriculas a tus hijos en la escuela? La explicación es sencilla, pero las consecuencias son fundamentales para tu patrimonio.
Primero, la inflación representa el crecimiento de los precios, no el nivel que ya alcanzaron. Si algo costaba 100 pesos, después subió a 120 y ahora aumenta con menor fuerza, el golpe perdió velocidad, pero tú sigues pagando sobre una base más alta.
Es cierto, una inflación menor reduce la presión sobre las tasas de interés, mejora las expectativas y puede dar cierto respiro a empresas y consumidores. Sin embargo, el dato no borra los incrementos acumulados durante los años anteriores ni recupera por sí mismo el poder de compra perdido.
Además, los precios avanzan con frecuencia, mientras el ingreso suele ajustarse con retraso. Si eres asalariado, quizá recibas un aumento una vez al año, siempre que llegue y compense el encarecimiento. Si tienes un negocio, puedes modificar tus precios, aunque enfrentas competencia, clientes sensibles y costos que no perdonan. Ese desfase obliga al presupuesto a absorber durante meses el impacto anterior y reduce el dinero disponible para ahorrar, invertir o pagar deudas.
La inflación oficial utiliza una canasta representativa de bienes y servicios, útil para conocer el promedio nacional. Tu hogar, en cambio, tiene una combinación particular de alimentos, transporte, salud, colegiaturas, seguros, restaurantes, plataformas y créditos. Por ejemplo, una pareja retirada enfrenta presiones distintas de una familia con hijos en escuela privada. Por eso existe un efecto personal, determinado por lo que compras, la frecuencia y el peso de cada gasto en tus ingresos.
También influyen los hábitos, como los envíos, cargos de servicio, propinas, entregas rápidas y suscripciones, que parecen pequeños por separado, pero su repetición puede mover el presupuesto.
Conviene usar el indicador oficial como referencia y elaborar tu propio diagnóstico. Revisa los gastos de los últimos tres meses y agrúpalos por concepto. Observa cuáles se elevaron, cuáles se volvieron recurrentes y cuáles responden a un cambio de hábitos. El ejercicio no requiere un índice perfecto; basta con identificar dónde se está estrechando tu margen financiero.
Que baje la inflación es una buena señal para la economía, aunque tu costo de vida siga siendo complicado. El promedio nacional ofrece contexto; tus cuentas requieren una atención detallada y especial.
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