¿Por dónde empezar la educación financiera?


Transcurre en este momento la semana de educación financiera y es un excelente marco para abordar el tema, pues además “todos” en algún periodo de nuestra vida hemos tenido dudas sobre cuál es la mejor decisión en el terreno de la economía familiar. Les presento apuntes esenciales.

1.- El interés arranca dedicando tiempo a la revisión de cómo te conduces con tus finanzas. Existen personas muy inteligentes y con los conocimientos suficientes para llevar una buena administración; sin embargo, tienen un desastre al dejar de analizar sus propias cuentas. Están más preocupad@s por la información de la empresa en donde trabajan que en la suya.

2.- No se requiere sacar un doctorado en esta materia pues funciona bien la ley del 80/20; aplicando los conceptos básicos en un 20 por ciento, se obtiene el 80 por ciento de los beneficios. Hablo de principios de organización primarios como, por ejemplo, gastar de acuerdo con nuestro nivel de ingresos o evitar excederse con la deuda, entre otros.

3.- El aprendizaje es permanente, nunca termina, porque siempre salen nuevos instrumentos financieros y tecnologías que implican estar actualizados para entenderlas antes de usarlas.

4.- Tener cuidado de quién te da los consejos financieros; recuerda que el único interesado en tu patrimonio eres tú mismo. Hay quienes desean “venderte” algo y sobrevaloran las ventajas de ciertos instrumentos, mientras otros, por ignorancia, te dan indicaciones que te pueden perjudicar. Hoy, con las redes sociales, muchos buscan “popularidad”, con ideas exprés, carentes de seriedad.

5.- ¿Por dónde empezar? Te recomiendo que lo hagas en forma temática con los siguientes tópicos: cómo hacer un presupuesto; la importancia del ahorro; los mercados de inversión; las coberturas financieras y el retiro.

6.- Más allá de sugerirte un libro, puedes iniciar haciendo investigación en la Internet, sólo validando la fuente de quien presenta el concepto. En la medida en que te vayas adentrando, podrás encontrar una basta bibliografía sobre cada uno de los temas.

7.- Por último, “métele acción” a lo aprendido, porque de nada sirve el conocimiento, si olvidamos poner manos a la obra en el proceso. Debemos aceptar que hay un grado de “prueba y error” que es necesario asimilar para elegir las mejores alternativas para uno, pues no existen recetas mágicas ni únicas.

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