La sucesión empresarial en tiempos de Covid


Alrededor del 95 por ciento de las empresas en México tienen una organización familiar detrás y de ellas, desaparece el 70 por ciento en la segunda generación. Este porcentaje es aplicable antes de la pandemia, situación agravada por la velocidad de la transformación de los mercados que pocas alcanzan a enfrentar.

La sucesión, aún cuando es un evento aislado, lleva consigo un proceso. Bien instaurado, es una forma de continuar con un legado que es sustento de la familia a través de varias generaciones, pero al mismo tiempo existe un alto riesgo de quebranto.

Un viejo dicho que reza: “Padre bodeguero, hijo millonario; nieto pordiosero” y es una muestra popular de la frecuente incapacidad de mantener ese patrimonio al pasar la estafeta.

Es un tema de negocios que se entremezcla con las finanzas personales y con relaciones familiares. Implica una decisión de la fuente de ingresos y la enorme responsabilidad de transmitirla a la siguiente generación.

El dilema de cualquier emprendedor exitoso se resume en dos frases alternas con los hijos: “Si les interesa ya me dirán” o por el contrario “tienen que entrarle”.

Es fundamental un plan de sucesión ordenado porque no sólo es que se siente en la silla del jefe el descendiente, como si fuera una coronación. Conlleva a un cambio en la manera de conducir la compañía, un involucramiento, aprendizaje y aceptación.

Aunque pareciera una tarea fácil o tan simple como pedirle a alguien que tome el control, hay preguntas básicas a resolver, como el cuándo, el quién o de qué forma.

Es complicado, pues el diagnóstico serio se ve empañado por factores emotivos y requiere de la intervención de un externo que ayude a mediar los intereses encontrados de la familia. Es necesario preparar a los miembros, organizar la empresa, desarrollar sucesores, gestionar un proceso de retiro y establecer un gobierno corporativo.

Está presente una moraleja a todos los niveles generacionales; por una parte, para los jóvenes significa capacitarse con humildad para manejar un negocio que no forjaron y tratar con dignidad a los que lo hicieron crecer de la nada.

Del otro lado de la moneda, están los viejos de la tribu quienes deben permitir a los hijos hacerse cargo, decidan, arriesguen e implementen nuevos sistemas para tiempos muy diferentes a los que ellos vivieron.

Entre más pronto se cuente con una estrategia sucesoria habrá mayor probabilidad de transitar por ese camino con éxito.

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