¿Entrarías a inversiones disruptivas?


Los viejos aprendieron el paradigma de invertir en la solidez de las compañías; el análisis fundamental era básico para la adquisición de sus acciones; la experiencia de sus directores era un dato para considerar; además de sus planes de expansión, la perspectiva del país y el mundo, en relación con el sector al cual pertenecen; entre otras cosas, que demuestran su solvencia de largo plazo. Y por supuesto, sigue siendo válido; sin embargo, para muchos jóvenes es “anacrónico y aburrido”.

El fenómeno arrancó desde finales de los noventa, al emerger las empresas “punto com” que a pesar de tener enormes pérdidas las seguían comprando por el boom de la era de Internet. Les llamamos visionarios a quienes adquirieron títulos de Google, Facebook o Amazon; empero, debemos poner en la balanza el crac de finales de 1999 cuando la burbuja explotó.

Como ejemplo cercano está el caso de WeWork que dejó colgados a inversionistas e incluso colaboradores que apostaron a su crecimiento exponencial y terminó con una virtual quiebra para ser absorbida por Softbank.

Existe una lógica, pues la velocidad de los avances tecnológicos es tan rápida que, si esperamos, se “desaprovecharían” los precios bajos iniciales. Es querer estar siempre en la parte alta de la ola de las inversiones disruptivas. El problema es que esta misma premura se da en los fracasos de iniciativas que no prosperan a los niveles “prometidos”.

Simplemente, pongamos de contexto que han surgido 2.7 millones de aplicaciones Android y 1.8 millones para IOS. Algunas de ellas intentando conseguir capital para realizar su sueño con un buen número de millones de dólares perdidos en el transcurso.

El dinero digital entra en el ámbito de las “novedades”. Coincido en que el mundo financiero se va moviendo hacia las criptomonedas; pero, así como obtienen ganancias espectaculares, se borran en un corto plazo. El mejor ejemplo es el Bitcoin que después de un rally en los últimos meses a caído su cotización por arriba del 40 por ciento.

El mensaje es no confundir la audacia con la imprudencia y si se quiere participar en estos mercados, disponer de un porcentaje del portafolio de inversión, además de tomar utilidades conforme se tenga éxito en la estrategia.

En ocasiones, me parece que hay quienes deciden como si estuviera en un casino, doblando la apuesta cada vez que ganan; tarde o temprano perderán todo el dinero.

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