¿Cómo te ha cambiado la pandemia?


Una Señora de 93 años me decía que nunca había sufrido una circunstancia tan peculiar como la acontecida con el Covid 19; tal vez no hemos alcanzado a darnos cuenta, pero es un fenómeno inédito que nos ha transformado en muchos sentidos y entre ellos, está la percepción de lo material, nuestras finanzas y, en general, sobre el dinero.

El mes pasado, el New York Times, publicó un reportaje titulado “Cómo la pandemia ha cambiado las actitudes hacia la riqueza” en donde una encuesta arroja que los estadounidenses encontraron que el dinero no puede comprarlo todo, y utilizaron su capital para construir relaciones y ayudar a otros.

Uno de los entrevistados comenta “Claro, algunos podrían alquilar un avión para llevarlos a una casa privada en un lugar aislado. Pero ¿quién podría salir a su restaurante favorito o incluso comprar papel higiénico durante lo peor de la pandemia?”

Hay una enorme disparidad generacional del cuestionamiento de si el Covid les había hecho reevaluar su percepción de la riqueza; mientras que 78 por ciento de los millennials y el 73 por ciento de la Generación X dijeron que planeaban cambiar la forma de usar sus recursos, sólo el 26 por ciento de los baby boomers se manifestó en este sentido.

En cuanto al gasto, es evidente una mayor adquisición de productos electrónicos para hacer llevadero el aislamiento, pero ahora que la vacunación avanza, empieza a observarse un desbordamiento sobre los viajes, con aviones y hoteles saturados. Pareciera que existe una imperiosa necesidad de conectarse de nuevo con el mundo como era antes.

Está presente también una revalorización de aspectos como la ropa o los lujos; las personas se han dado cuenta que tienen más de lo que requieren. ¿Será un adiós definitivo a la vestimenta formal y los artículos suntuosos?

En las finanzas, hubo a quienes les faltó la fortaleza económica para enfrentar las consecuencias de la pandemia y ha servido para buscar recomponerla; “nunca más me volverá a pasar esto”, me compartió una lectora.

Mientras otros se percataron que tenían solvencia suficiente; sin embargo, la estaban despilfarrando y el encierro fue una buena excusa para poner manos a la obra y darle orden a su patrimonio.

Obviamente, la reflexión es individual; es un buen momento para revalorar la relación con el dinero; antes de que nos metamos de nuevo en el ajetreo de una “normalidad”, vale la pena detenernos a pensar sobre lo que nos dejó la pandemia.

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