¿Cómo reaccionas ante los problemas financieros?


Con los resultados de la encuesta de ingreso y gasto de los hogares por parte del INEGI y la reciente información del Coneval, se corrobora lo que ya sabíamos en un sentido perceptual y lógico; aumentó la pobreza y el ingreso medio de los mexicanos cayó con la pandemia. Es normal que quienes sean impactados seriamente muestren enojo y frustración, pero debemos evitar que eso conduzca a malas decisiones.

¿Cómo reaccionamos ante la crisis? Así como la comida puede ser un refugio emocional, para otros lo es comprar cosas, porque da una satisfacción inmediata. Por desgracia, tiene un efecto muy negativo, y tarde o temprano llega la cruda realidad de la insolvencia.

El problema de seguir gastando a la misma velocidad es que terminará provocando un endeudamiento crónico, imposible de superar mientras se carezca de ingresos estables. Muchas veces es impulsado por la vergüenza de confesar a la familia el contratiempo; esto resulta en un tobogán financiero que termina en la quiebra y mayores costos.

Al contrario, es hora de restringir los gastos a los mínimos y concientizar a la familia de la circunstancia que sufren. Es evidente que se molestarán; sin embargo, al final habrá un aprendizaje y, sobre todo, reducirán las secuelas nocivas.

Otro error común es la infidelidad financiera; con la excusa de “me lo merezco o lo necesitamos”, podrían ocultarse los gastos en productos o servicios que bajan el poco margen del momento. Peor si esa “infidelidad” se da en el terreno de la ludopatía o alguna adicción; esto no sólo daña las finanzas, sino también las relaciones.

Si bien se está enfadado, es posible mostrar ecuanimidad e inteligencia emocional para administrar la frustración y dejar de tomar acciones en perjuicio nuestro.

El primer paso es hacer un inventario de recursos; es decir, conocer con cuánto contamos para sobrevivir y a partir de ahí saber el tiempo requerido para encontrar una fuente de ingresos para regresar al nivel socioeconómico previo a la crisis.

En caso de carecer de un patrimonio del cual echar mano y es imprescindible endeudarse, debe hacerse antes de que el “agua llegue al cuello”, porque en la desesperación se aceptan pasivos demasiado caros. Buscar un apalancamiento lo más barato posible y tener cuidado del impago, porque se complicará luego volverse a financiar. Lo peor es caer en las garras de agiotistas que aceleraría el desplome.

Es difícil mantenerse sereno cuando los problemas agobian, pero es fundamental para asumir las decisiones correctas.

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