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¿Acción sin reflexión? Error de liderazgo


El mundo de la alta dirección está repleto de acciones: rápidas, lentas, calculadas o impulsivas, pero todas van transformando a las organizaciones y a las personas que laboran en ellas; sin embargo, es “la reflexión” lo que le da valor y significado.

En el contexto del liderazgo corporativo, se refiere al proceso de considerar detenidamente nuestro hace diario, ponderar su eficacia y extraer lecciones provechosas; esto es el ciclo de: "acción, reflexión, aprendizaje".

Disculpen el trabalenguas: la acción sin reflexión puede llevar a errores repetidos, en tanto que la reflexión sin acción queda en teorías sin probar. Cuando la reflexión y la acción trabajan juntas, liberan una enseñanza profunda que engrandece el liderazgo y hace más efectiva la dirección.

Sesionar con un coach facilita esta interacción, pues proporciona retroalimentación, nutre el pensamiento y plantea preguntas desafiantes. Se convierte es un espejo que ayuda a reflejar nuestras habilidades, suposiciones y patrones, permitiéndonos ver con claridad lo que podríamos haber pasado por alto.

No obstante, ante la ausencia de un coach, la auto-reflexión sigue siendo un ejercicio útil. Otorga un momento de pausa en la rutina acelerada, una oportunidad para evaluar el camino y recalibrar las tareas. Es una herramienta esencial para avanzar y debería ser una costumbre habitual para cualquier ejecutivo comprometido con la mejora continua y el crecimiento personal y profesional.

David Kolb, argumentó que el aprendizaje es un proceso que se desencadena a través de la experiencia directa y activa, seguida de la reflexión sobre ella misma.

Por su parte, Donald Schön, en su libro "The Reflective Practitioner", amplía este concepto y sugiere que los líderes necesitan practicar la reflexión en acción y la reflexión sobre la acción. La primera implica pensar mientras se está en el acto de hacer, lo cual da la posibilidad de adaptarse y modificar su comportamiento en tiempo real. La segunda lleva consigo considerar las acciones anteriores y sus resultados.

Es fundamental que los líderes y directivos adopten el ciclo de "acción, reflexión, aprendizaje". Este es un proceso que combina la ejecución con la introspección para una retroalimentación constante.

En el frenético mundo empresarial, la reflexión puede parecer un lujo que no podemos permitirnos, pero es precisamente esta quietud la que a menudo marca la diferencia entre el liderazgo reactivo y el verdaderamente estratégico y efectivo.

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